viernes, 15 de febrero de 2008

EL AFECTO COMO ELEMENTO SECUNDARIO


Dios nos da la posibilidad de elegir lo que queremos para nuestra vida, cada uno de nosotros es libre para optar entre lo que hace daño o lo que hace feliz, lo digo de esta manera porque no quiero hablar del bien y del mal, porque esta frase está muy estigmatizada, prefiero referirme a lo que hace daño o nos hace daño y a lo que hace feliz o nos hace feliz.

Cada ser humano a lo largo de su existencia busca la felicidad, y se ve claramente en la primera infancia la búsqueda por el afecto y la inmensa capacidad que se tiene para dar cariño (quien más honesto y amoroso que un niño).

Pero si desde pequeñitos tenemos claro el sentido de la vida ¿qué hace que nos perdamos en el camino?, ¿en qué minuto dejamos como elemento secundario al afecto? y comenzamos a centrar nuestra vida en las cosas materiales y resulta ser más importante el tener éxito, dinero y demás aparatos que demuestran el status social que tenemos.

Y entonces nos lanzamos a la vida, no para vivirla, sino para devorarla, nos enajenamos trabajando para tener más riquezas y mayores éxitos o nos enajenamos disfrutando de cosas materiales.

Y es ahí, donde dejamos al afecto en segundo plano, pasando a ser en nuestras vidas como algo secundario, olvidándonos completamente de que existe, ya que vivimos para otras cosas.

Pero, vuelvo a recalcar que Dios nos hace libres para poder elegir lo que queremos para nuestra vida y como priorizamos todos los elementos que en ella hay, todo lo que el mundo nos ofrece. Cada uno es libre para poder decidir que papel juega el afecto en nuestras vidas, si es prioritario o secundario.

viernes, 1 de febrero de 2008

FUGA

Como dice la canción de Silvio Rodríguez “Cuentan que cuando un silencio aparecía entre dos era que pasaba un ángel que les robaba la voz”, y no tan sólo lo dice este gran trovador, mi abuela siempre que acontecía un silencio cuando estábamos reunidos en familia, especialmente a la hora de la comida, donde nos sentábamos a la mesa por lo menos unas diez personas, porque mi abuela creía en la familia numerosa, esa donde estamos todos, hijas, hijos, nueras, yernos y nietos, y en ese espacio, en algunas ocasiones entre conversa y conversa y chistes, tallas e historias de un sin fin de cosas ocurría un silencio, y ella estaba atenta para decir “pasó un angelito”.

Me viene esto a la memoria en virtud de una reflexión en torno a las palabras, aquellas que diariamente usamos para comunicarnos, aunque la comunicación es también silencio, a veces éste dice más que mil palabras, pero, volviendo a las palabras, cuan importante es poder utilizarlas en el momento justo, o mejor dicho cuan importante es poder tener la palabra precisa para cada momento.

Ahora, cuando pasa ese ángel entre dos, es talvez porque hay palabras que uno no puede decir, y el otro no quiere escuchar, o puede ser que hay palabras que uno no quiere decir y el otro no puede escuchar, o palabras que ambos no quieren ni decir, ni escuchar, o que ambos no pueden, decir, ni escuchar.

En el fondo es un lucha entre el poder, y con esto me estoy refiriendo al poder hacer, a lo que esta bien hacer y el querer, en función del querer hacer. Tal vez cuando pasa ese ángel es porque se quiere decir algo que no se puede decir o no se puede escuchar o no se quiere escuchar. Claro está que no se quiere escuchar, porque no queremos asumir lo que en el fondo se siente, no queremos escuchar, es mejor ignorar, es mejor no saber, aunque tengamos conciencia de la gran mentira que nos hemos contado, porque se sabe, se percibe, se siente, pero no se quiere asumir porque en la raíz de todo hay una verdad dolorosa, entonces es mejor no decir y es mejor no escuchar.

Al final es mejor el silencio y en este silencio pasa un ángel y como termina diciendo la canción “ Ángel que pasa, besa y te abraza, ángel para un final”