miércoles, 28 de noviembre de 2007

Invitación

Amigos míos, hoy les escribo desde mi deber como hija de Dios, ha sido un llamado que nace a la luz de un par de fotografías que me fueron enviadas por mail, donde claramente se ven niños sufriendo de hambruna en África, talvez a mas de alguno de ustedes les ha llegado esas desgarrantes fotos.

Tengo que confesar que algo nuevo se provocó en mi, al ver tanto dolor y tanta miseria que me es imposible callarme. Y hoy mis palabras nacen más allá del corazón , sino desde el vientre mismo. Mi primera pregunta fue como ¡Dios puede permitir tanto dolor, tanta miseria!, pero después recapacite y me di cuenta que los que permitimos ese tipo de brutalidad somos los seres humanos, hombres y mujeres que somos indolentes ante el sufrimiento de los otros.

Cuantas veces no hemos pedido a Dios porque no nos falte nada, que nuestros seres queridos estén bien, pero ¿qué hacemos nosotros para que otros que no son nuestros seres queridos estén bien?, ¿cómo día a día aportamos a la construcción del reino o a qué otro mundo sea posible?, si tenemos centrada la vida en el éxito y en el dinero. Si sólo nos mueve el individualismo, el egoísmo y el consumismo, ¿cuántas veces no nos hemos generado necesidades, innecesarias?, ¿era preciso comprar un nuevo televisor, porque el anterior había dejado de ser moderno o cambiar el celular o llenarnos de nueva ropa, porque la que teníamos ya no está de moda?.

Con esto no quiero incomodar a nadie, ni juzgar a nadie, sólo quiero hacer un llamado a reencontrarnos con el verdadero sentido que tiene la vida, a reencontrarnos con nosotros, a reencontrarnos con el rostro de Cristo y eso solamente se puede hacer por medio de la hermosa tarea del encuentro con los otros, con nuestros semejantes, con aquel que quiere entrar al metro cada mañana igual que yo, con aquella madre que sufre por sus hijos, por aquellos que lloran a sus muertos, por aquellos que están enfermos, y sobre todos en los niños como los que viven en África, que han sido tan castigados por este sistema que sólo se preocupa de generar riqueza.

Me pregunto ¿para donde vamos? y ¿hasta cuando vamos a ser tan ciegos?.

Los invito a despertar, a creer que otro mundo es posible, desde cada uno de nosotros desde “el corazón central que no juega con palabras, ni trafica con sueños” como tan bien lo dijera Borges en uno de sus poemas.

Los invito en vísperas de Navidad a encontrarle el verdadero sentido que tiene el Nacimiento del Cristo, los invito a la hermosa locura de hacer nuestras vidas distintas a lo que este sistema nos llama a ser cada día, a no centrar esta navidad en el consumismo, sino en el donarnos .

En simples palabras a amar, a perdonar y a dar la vida por los otros, y no me estoy refiriendo a morir por los otros, como lo hizo Cristo con su muerte en la Cruz, sino en el verdadero regalo de darnos a los otros, a los amigos y a los no tan amigos y sobre todo a los que sufren los atropellos del sistema de vida que hemos creado los hombres y que se encuentra muy lejano a lo que verdaderamente quiere Dios para este mundo.

Con este pequeño paso de regalarnos, estamos dando el primer paso para que otro mundo sea posible.

Yo comencé hoy día, cuando decidí que iba a guardar mi miedo y empezar a regalarme a ustedes a través de mis palabras.

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